miércoles, 22 de noviembre de 2017

Me diste...

     © Guillermo Asián 

Quizá la más querida
Julio Cortázar.

Me diste la intemperie,
la leve sombra de tu mano
pasando por mi cara.
Me diste el frío, la distancia,
el amargo café de medianoche
entre mesas vacías.



Preludio a un texto en prosa
julio Cortázar.


venir de alguna parte que no es parte de ninguna, del cuarto lado de ese triángulo que forman las dos cervezas y la chica rubia, en este pub de Chelsea. Simplemente: queremos tanto a Glenda. 
Las papas fritas huelen a pescado y el pescado no huele: esquives y situaciones, estas líneas, el barman pelirrojo y los Pink Floyd, cada cosa desplaza lo vecino, lo empuja a pulirse y brillar como el niño que brota de mujer. Pero no hay como, aquí: las cosas son lo que son porque son otras. 
Sólo sé que respiro, y que queremos tanto a Glenda.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Escalera para dormir

     © Guillermo Asián


Instrucciones para subir una escalera.
Julio Cortázar.

Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.

Taller de Iluminación y Retrato en Granada


miércoles, 25 de octubre de 2017

Eye

       ©  Guillermo Asián


Poema de Tristan Tzara
"Para hacer un poema dadaísta" 

Coja un periódico.
Coja unas tijeras.
Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta
darle a su poema.
Recorte el artículo.
Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que
forman el artículo y métalas en una bolsa.
Agite suavemente.
Ahora saque cada recorte uno tras otro.
Copie concienzudamente
en el orden en que hayan salido de la bolsa.
El poema se parecerá a usted.
Y es usted un escritor infinitamente original y de una
sensibilidad hechizante, aunque incomprendida del vulgo.

martes, 13 de junio de 2017

Desde mi ventana


  © Guillermo Asián.



Pablo Neruda. 20 poemas de amor y una canción desesperada.
Poema 10



Hemos perdido aun este crepúsculo. 
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas 
mientras la noche azul caía sobre el mundo. 

He visto desde mi ventana 
la fiesta del poniente en los cerros lejanos. 

A veces como una moneda 
se encendía un pedazo de sol entre mis manos. 

Yo te recordaba con el alma apretada 
de esa tristeza que tú me conoces. 

Entonces, dónde estabas? 
Entre qué gentes? 
Diciendo qué palabras? 
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe 
cuando me siento triste, y te siento lejana? 

Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo, 
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa. 

Siempre, siempre te alejas en las tardes 
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.

MI perro en la pared

                  © Guillermo Asián.


"La grandeza de una nación y su progreso moral puede ser juzgado por la forma en que sus animales son tratados."

Gandhi.
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Cada mes de febrero, con el fin de la temporada de caza, las protectoras y refugios desbordan todas sus previsiones debido al abandono masivo de perros usados en cacerías. Estos animales han sufrido en multitud de ocasiones unas condiciones de vida lamentables y, tras dejar de ser útiles al cazador, miles de ellos son abandonados.
En España hay registrados más de 190.000 galgueros que utilizan galgos y podencos en una modalidad de caza que solamente está permitida en España , mientras que en países como Alemania, Bélgica, Escocia o Reino Unido ya ha sido prohibida. La caza con galgo es la única modalidad en la que el perro persigue a la presa y le da muerte. Para poder desarrollar este tipo de cacería los galgos deben ser sometidos a durísimos entrenamientos de resistencia y fortaleza. Los perros son atados a vehículos a motor durante horas para probar su resistencia física, en muchos casos hasta la extenuación. No es inusual que estos animales sufran accidentes en los entrenamientos con un desenlace trágico.
La vida “útil” de los galgos para cazar es de unos dos años. Cuando el animal ya no es apto para la cacería, a menudo es abandonado a su suerte y en el peor de los casos asesinado de una manera atroz: ahorcados en árboles, matados a tiros o arrojados a un pozo. Tras una miserable vida de maltrato y miedo el final de estos animales denota un ensañamiento brutal al dejar de ser útiles a los galgueros.


Mi querido Zappa, preocupado por la situación.



Relajado en el campo.